viernes, octubre 06, 2006

Diseño&ingenuidad

“Bonito bonito”, repetía el jefe de obra, juntando las manos de una manera extraña, y con una sospechosa insistencia que, si bien pretendía ser complaciente, lo conseguía. Había caído esa breva y la constructora iba a hacer esa pequeña modificación al proyecto, a pie de obra y porque sí, porque a mi me daba la gana, porque me parecía más estético y porque aquel pequeño hombrecillo, altruista del ladrillo por una tarde, coincidía conmigo. Así que levantarían los antepechos sin incrementar gasto al promotor. “Bonito, bonito”... Recordaba sus palabras cuando llegué al despacho, conmovido por aquel grito contranatura en el mundo de la construcción. Sonó el teléfono. Era el promotor. Prefería no hacer el cambio, aunque le saliera gratis. No le gustaba. No insistí mucho en mi postura. Asentí, me despedí amablemente y colgué. “Me cago en tu calavera”.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

El pan nuestro de cada día...

11:01  

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