Man-E-Faces
Anoche Bacali y yo estuvimos en un concierto de piano. Debido a algunos acontecimientos no pude evitar hacerme la siguiente pregunta:
Si introducimos en un Macro-ordenador los datos precisos, notas, ritmos, tiempos, tonos y volúmenes y un largo etcétera de variables que pueden confiar una pieza musical, el ordenador los computa y, tras sus cálculos, mediante un programa ejecuta los sonidos tal cual lo mandan las partituras, con una perfección matemática y a través de una tarjeta sin fallos de software y unos altavoces con las infinitas amplitudes de frecuencia (marca ACME), ¿no conseguiríamos escuchar la sinfonía, el nocturno o lo que fuese, con una perfección técnica más absoluta que en la propia mente del compositor? ¿No sería el equivalente del dibujo lineal computerizado, vectorial perfecto, de medidas exactas, líneas rectas y superficies de dibujo infinitas? Algo como el mundo de las ideas de la música... Pero no es ahí donde quiero llegar. Mi pregunta es otra.
Seguro que los que entendéis de música me diréis que el pianista, el ser humano, el/la tipet/a que se sienta en la banqueta frente al piano de cola negro lacado, está interpretando, no sólo las notas, sino también el alma, el sentimiento, las emociones y demás del compositor. Pues he ahí el problema del concierto de ayer. Por si no teníamos claro el carácter emocional de la música, el intérprete se encargó de recordárnoslo proporcionándonos un amplio repertorio escenográfico de gestos, carantoñas, sonidos guturales e incluso tics nerviosos. Vamos, que nos jodió la música y el concierto. El hombre se ha pasado la vida tocando el piano y seguro que tiene mil cátedras, una casita en Londres y hace cientos de recitales exquisitos y exclusivísimos. No dudo que técnicamente fuese un hacha pero... ¿qué carajo le pasa entonces? Si tocaba sin partitura es de suponer que tiene los dedos pelados de interpretar esas piezas. ¿Quién se traga entonces que pueda extasiarse así al tocarlas una vez más?. Y lo más jodido: ¿Por qué tanta teatralidad tenía que incluir esos soniditos con la boca o que peligrase su integridad física? Porque os prometo que yo sufrí varias veces por que la banqueta se le quedase pequeña o porque pudiese dislocarse un hombro en uno de esos movimientos.
Pero lo mejor eran los caretos. El hombre, más que transmitirnos los sentimientos, parecía interpretarnos los estados de ánimo por los que pasaba el compositor de la obra en cada línea del pentagrama. Así, igual pudimos ver a un Chopin alegre y sonriente cual Heidi, que un Chopin atormentado, triste, iracundo o en pleno orgasmo. Nos brindó un auténtico surtido de emoticonos mientras los tacones de sus zapatos de charol repicaban contra el suelo al pisar violentamente el pedal, o nos obsequiaba a las primeras filas con algún que otro perdigonazo de saliva.
Así que, pidiendo perdón a los melómanos por mi falta de conocimientos y sensibilidad, la pregunta es: ¿Macro-ordenador o bolsa de papel en la cabeza?
Si introducimos en un Macro-ordenador los datos precisos, notas, ritmos, tiempos, tonos y volúmenes y un largo etcétera de variables que pueden confiar una pieza musical, el ordenador los computa y, tras sus cálculos, mediante un programa ejecuta los sonidos tal cual lo mandan las partituras, con una perfección matemática y a través de una tarjeta sin fallos de software y unos altavoces con las infinitas amplitudes de frecuencia (marca ACME), ¿no conseguiríamos escuchar la sinfonía, el nocturno o lo que fuese, con una perfección técnica más absoluta que en la propia mente del compositor? ¿No sería el equivalente del dibujo lineal computerizado, vectorial perfecto, de medidas exactas, líneas rectas y superficies de dibujo infinitas? Algo como el mundo de las ideas de la música... Pero no es ahí donde quiero llegar. Mi pregunta es otra.
Seguro que los que entendéis de música me diréis que el pianista, el ser humano, el/la tipet/a que se sienta en la banqueta frente al piano de cola negro lacado, está interpretando, no sólo las notas, sino también el alma, el sentimiento, las emociones y demás del compositor. Pues he ahí el problema del concierto de ayer. Por si no teníamos claro el carácter emocional de la música, el intérprete se encargó de recordárnoslo proporcionándonos un amplio repertorio escenográfico de gestos, carantoñas, sonidos guturales e incluso tics nerviosos. Vamos, que nos jodió la música y el concierto. El hombre se ha pasado la vida tocando el piano y seguro que tiene mil cátedras, una casita en Londres y hace cientos de recitales exquisitos y exclusivísimos. No dudo que técnicamente fuese un hacha pero... ¿qué carajo le pasa entonces? Si tocaba sin partitura es de suponer que tiene los dedos pelados de interpretar esas piezas. ¿Quién se traga entonces que pueda extasiarse así al tocarlas una vez más?. Y lo más jodido: ¿Por qué tanta teatralidad tenía que incluir esos soniditos con la boca o que peligrase su integridad física? Porque os prometo que yo sufrí varias veces por que la banqueta se le quedase pequeña o porque pudiese dislocarse un hombro en uno de esos movimientos.
Pero lo mejor eran los caretos. El hombre, más que transmitirnos los sentimientos, parecía interpretarnos los estados de ánimo por los que pasaba el compositor de la obra en cada línea del pentagrama. Así, igual pudimos ver a un Chopin alegre y sonriente cual Heidi, que un Chopin atormentado, triste, iracundo o en pleno orgasmo. Nos brindó un auténtico surtido de emoticonos mientras los tacones de sus zapatos de charol repicaban contra el suelo al pisar violentamente el pedal, o nos obsequiaba a las primeras filas con algún que otro perdigonazo de saliva.
Así que, pidiendo perdón a los melómanos por mi falta de conocimientos y sensibilidad, la pregunta es: ¿Macro-ordenador o bolsa de papel en la cabeza?

4 Comments:
Me parece que una partitura es parecida a una obra de teatro: está perfectamente escrita y definida pero es fundamental la interpretación de los agentes. No sé cuáles son los factores subjetivos me imagino que estará en la interpretación de algunos ritmos, volúmenes, etc. En el caso de la ópera incluso se permite introducir a los intérpretes notas nuevas, florituras. Así que sin dudarlo: bolsa de cartón.
Y no disimules, super-grover que sé que te has apuntado a los conciertos de las próximas dos semanas.
Por cierto no olvidéis comprar mi último disco: Recopìlatorio de las Recopilaciones que hice en los años ochenta destrozando obras maestras con charanga y pandereta. En mi menor, por supuesto
Bajando lo mejor Cobos´80 recopilados y remasterizados, junto a "Carmen, por Bisbal y los pitufos maquineros"
Aceptamos bolsa con la condición de que quede exonerado de la tala keith jarret y sus cuatro horas de Colonia de improvisación y dolores de parto.
aceptamos espamos, estertores y estremecimientos para con los compositores contemporáneos y sus propias obras e improvisaciones.
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